TRATAMIENTO Y DESHABITUACION COCAINA

Dejar la cocaina en un centro médico especializado

Testimonio de un paciente tras su tratamiento en CITA

Tras superar su adicción este paciente decidió compartir su experiencia positiva. Su ilusión es animar a superar este problema a otras tantas personas que se encuentren en la misma situación en la que el mismo se encontraba poco tiempo atrás.

Testimonios

Llegué a CITA un lunes 16 de marzo sobre las 15’00 h. Estaba jodido pero bastante entero, había comprendido que quizá el único camino era estar aquí. Había tirado la toalla, mi mujer y mi hermana me convencieron a regañadientes bajo amenazas y coacciones, la decisión ya estaba tomada desde el día anterior sin que yo lo supiese.

Yo estaba en casa de mis padres, en la que llevaba tres días bebiendo sin parar. Era el sitio perfecto, ellos no estaban, se encontraba cerca de mi casa… era el lugar al que a menudo acudía para consumir  a escondidas. Mi mujer me había echado de casa el viernes. Dijo, como tantas otras veces desde hacía unos tres años, que ya no lo soportaba más. Y yo me fui tan contento, pensando: qué bien, ahora podré estar los próximos dos días bebiendo tranquilo sin que nadie me joda. El domingo aparecieron mi hermana y mi cuñado. Venían a hablar, a convencerme de que debía ingresar en un centro de inmediato, de que todo esto ya no tenía ningún sentido. Yo me rebelé categóricamente, no iba a permitir que mi relación con el alcohol acabase tan pronto, “sólo” llevaba 15 años consumiendo a diario… Estaba podrido, ya no me importaba nada, le había jodido la vida a mi madre, a mi mujer y a mis hijos, ya sólo quedaba yo. Siempre he pensado que de no haber conocido a mi mujer habría acabado en un psiquiátrico o en la calle viviendo como un indigente.

La primera persona con la que hablé al llegar a CITA fue Sergi Vilardell. Me hizo ver que por mucho que ellos hicieran, si yo no quería dejarlo, aquí venía a perder el tiempo. Pensé: pues estoy jodido porque yo no quiero dejarlo, aunque tenía que hacerlo, no iba a permitir que mi hermana se gastase un dineral en vano. Luego conocí a Fran que me enseñó la habitación y me registró la bolsa. Después me presentaron a Josep, mi acogida, con el que estuve una hora hablando. Luego me despedí de mi mujer y me dirigí a las cuadras, estaban montando. Me senté junto a Alice en un banco y me presenté. Me preguntó por qué estaba aquí; me la quedé mirando fijamente y le respondí: “tengo mujer e hijos” así, sin más, no había nada más que decir; cuatro palabras que para mí ya lo expresaban todo, todo por lo que yo estaba aquí. También estaba Conrad poniendo la silla al caballo; hacía un bonito día y sin yo saberlo iba a ser el primero de una nueva vida. Una vida sin adicción.

Han transcurrido tres meses desde entonces y ahora os puedo asegurar que soy una persona nueva. No tengo negatividad ante las cosas, no soy obsesivo como antes, no tengo miedo a avanzar, a progresar, a las personas en general; no me siento mal por dentro, ni me siento fracasado, ahora incluso me gusto… he aprendido a escuchar, aunque todavía me cuesta; he aprendido a disfrutar de la vida, aunque sólo sea aquí dentro; he aprendido a valorar lo que tengo, que no es poco; he aprendido a levantarme por las mañanas y no pensar: “otro jodido día que pasar”; he comprendido por qué estoy en este mundo y el valor que tiene la vida. He aprendido que para lograr algo tienes que trabajar mucho, pero sobre todo tienes que quererlo. También he aprendido que las cosas por sí solas no suceden, que el Sol sale cada día aunque tú no lo veas, que las cosas más pequeñas se transforman en grandes si las juntas, que la vida es mucho más sencilla de lo que creemos y que somos nosotros los que la complicamos y que sobretodo, es un regalo que podemos aprovechar o abandonarlo como un juguete viejo pero que siempre estará ahí cuando lo necesitemos, sólo hay que quererlo y aprovecharlo porque no nos esperará eternamente. El tiempo no espera a nadie pero si lo pones a tu favor es agradecido y muy, pero que muy valioso. Ahora tengo que marchar y demostrar que no lo he perdido, que todo esto que he escrito tiene sentido.

Arrivederci amigos, no os olvidaré nunca; os espero en el otro lado, en el lado de la VIDA.

Mis agradecimientos a todos: a Joan Beneito por su gran ayuda y paciencia; a Enric, él me ha hecho ver muchas cosas; a Mia por tener este chiringuito tan fantástico en el que he vivido tres intensos meses; a las cocineras por hacer una comida tan buena, a Sergi, a Cari, a Boris “mi pana”, a Pepi Lorente por ayudar a mi mujer a pasar el mal trago de dejarme aquí y hablar cada día con ella para tranquilizarla, a Mónica por estar siempre de buen humor, ser tan guapa por fuera y por dentro y tener más paciencia que una santa con todos nosotros, a Elena también por lo mismo, a Olga por preguntarme siempre cómo estaba durante este tiempo, a Xavi Espinosa por escucharme cuando más lo necesité, a Víctor que ya no está y que siempre me animaba mucho, a Fran, a mi hermana Beth porque fue idea suya el venir aquí y ella ha sido la que me ha pagado gran parte de este tratamiento y sobretodo a mi mujer por la enorme paciencia que a tenido conmigo. Finalmente, a todos vosotros, los que estáis aquí y los que ya no están porque sin vosotros todo esto hubiese sido mucho más difícil. Con vosotros he vivido grandes momentos, momentos muy especiales que nunca olvidaré. Gracias, muchísimas gracias de corazón.
Un paciente

 

 

 


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